Contra la mosca blanca

Publicado por: José Gil En: Lucha Biologica En: sábado, noviembre 1, 2014 Comentario: 0 Hit: 1768

La mosca blanca es mucho más perjudicial de lo que la gente piensa. Pero no te preocupes en este post, te indicamos los males pero también los remedios para acabar con ellas.

El peligro radica no sólo en que estos insectos roban el alimento a tus plantas, si no que además (y ésto parece que muy poca gente conoce) son vectores de transmisión de enfermedades víricas capaces de interferir con el sistema fisiológico de tus plantas, dando lugar a la aparición de nuevas enfermedades; y de estados carenciales que iniciaran un círculo vicioso de problemas insospechados.

A ésto hay que sumar la poca eficacia de los controles químicos para su control, ya que las nuevas generaciones de mosca presentan una elevada tasa de resistencia al agente químico utilizado. Además, afectan a tal variedad de especies vegetales que el contagio de unos cultivos a otros está siendo inevitable. Solo en España se estiman pérdidas de millones de euros en el sector agrario a causa de este insecto. Dando lugar a extensos programas de investigación con el fin de combatir  a la inagotable mosca blanca.

Memisia Tabaci

Los aleuródidos son la familia de este animalito que se resiste a dejar en paz a nuestras plantas. Se conocen miles de especies, son insectos alados, y afectan a otro tanto de especies de plantas, por lo que su diseminación en el exterior es imparable. Así que si cultivas en el exterior, tarde o temprano, las tendrás por casa y habrás de decidir qué hacer para combatirlas.  Un cultivo indoor es más difícil de contaminar pero, por el contrario, hay de ti si una sola hembra llega a introducirse. Te aseguro que cuando las detectes será tarde y tendrás que poner remedio antes de que los daños sean irreparables, pues es precisamente en el clima controlado, cálido y húmedo, donde se potencian las condiciones para la proliferación y multiplicación de estos perjudiciales insectos.

La Aleurothrixus floccosus (naranjo), Trialeurodes vaporiorum (invernadero) y la Memisia tabaci (plantas herbáceas) son las clases de mosca más frecuentes de entre las miles que se conocen. Son capaces de desarrollarse a partir de los 13ºC y solo a temperaturas superiores a los 36ºC los huevos dejan de eclosionar.  Pasan por cuatro fases hasta llegar a completar su desarrollo: huevos, cuatro estados larvales sucesivos y el adulto, machos y hembras. Su longitud varía entre los 1 y 3 mm, su cuerpo es de un amarillo céreo dividido en secciones: cabeza, tórax y abdomen; poseen dos pares de alas de color blanco, como toda la clase insecta poseen tres pares de patas y tienen un aparato bucal-chupador que les sirve para alimentarse de la savia de las plantas.

Además de alimentarse de las plantas mediante picaduras (lo cual hace marchitar las hojas) segregan una especie de melaza que se adhiere a las hojas. En contacto con el aire esta sustancia se ennegrece formando una película que queda adherida a la hoja y que impide la correcta fotosíntesis de las plantas. Y por si fuera poco, esta melaza es el sustrato ideal de un hongo conocido como Negrilla (Fumaginas sp.), que podría llegar a propagarse por la planta.

Lo peor de estos perniciosos colonizadores es que son tan pequeños y tan prolíficos, que su presencia siempre pasa desapercibida, y cuando por vez primera las ves volar rápidamente de una planta a otra, quiere decir que ya han colonizado tu cultivo y que miles de huevos y de larvas están próximas a eclosionar y comenzar un nuevo ciclo.

Tratamiento para el control de la mosca blanca.

Como ya hemos comentado, debido a la alta capacidad reproductiva y a su silenciosa colonización lo mejor es prevenir. Para ello recomendamos el aceite de Neem. Éste es un compuesto extraído de un árbol venenoso para los insectos. Rociando en pulverización este aceite cada 20 días, puedes asegurar que la mayoría de insectos parásitos preferirán otras plantas donde vivir y no se acercaran a las tuyas.

Otro remedio, entre preventivo y combatiente, son las llamadas trampas cromotrópicas, que son unas cintas adhesivas a doble cara, diseñadas para que las moscas se sientan atraídas hacia ellas y se queden pegadas. Muy útil sobre todo como preventivo de interior. De modo que las primeras colonizadoras que se acerquen a nuestras plantas quedarán atrapadas antes de poner huevos. Estas trampas nos servirán además como indicadores del tamaño de la colonia al que nos enfrentamos y, lo más importante, para una detección temprana.

Trampa CromotrópicaSi ya tenemos la plaga encima, tendremos que ser concienzudos y poner manos a la obra. Empezaremos por retirar en la medida de lo posible el máximo de hojas afectadas, por lo general serán las ubicadas en las partes bajas de la planta; es mejor hacerlo en horas tempranas o de mínima temperatura que es cuando la mosca es capaz de menor movilidad. Nos libraremos de muchas de ellas, así como  de gran cantidad de huevos y de larvas fijadas en el envés de las hojas.

Las trampas amarillas seguirán siendo de mucha utilidad. Pero el tratamiento con algún insecticida químico polivalente es indispensable. Antes de su aplicación, es recomendable lavar las plantas con una buena dosis de jabón potásico, cuya misión principal es la de deshacerse de la melaza pegajosa creada por las moscas, pero que además reblandece el cuerpo de la mosca, impidiendo que vuelen demasiado y puedan escapar del insecticida que aplicaremos aproximadamente una hora después del jabón.

De esta forma acabaremos con la mayoría de ellas, tal que una segunda aplicación transcurrida una semana después acabará con la plaga enteramente. Luego el aceite de Neem junto con las tiras cromotrópicas bastaran para que no vuelvan a aparecer. Sin embargo hay que tener en cuenta que estos agentes químicos pueden ser perjudiciales, sobre todo si las plantas están en fase de floración, pudiendo afectar al sabor posteriormente. En general un plazo de 20 días, desde la última aplicación antes de cosechar, debe ser suficiente para evitar restos de insecticida en tus flores.

Cuando la fase de floración está tan avanzada que no es posible el uso sin perjuicio del insecticida, solo cabe el control biológico. Es decir, introducir en el cultivo a los depredadores naturales de la mosca blanca. Afortunadamente se comercializan algunos de éstos dando muy buenos resultados, sobre todo en cultivos de interior donde es muy posible que lleguen a erradicar completamente la plaga. Entre ellos recomendamos utilizar el Eretmocerus Eremicus, que es un himenóptero parásito de la mosca blanca. Y el Amblyseius Swirskii, que es un ácaro depredador que devora tanto los huevos como a las larvas de la mosca.

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